Terremotos y solidaridad en América. El rol de la sociedad damnificada

Antonio Peña Jumpa

Escrito por Antonio Peña Jumpa

Antonio Peña Jumpa [1]

Los recientes terremotos ocurridos en el continente americano nos llevan a confirmar la necesidad de una solidaridad permanente frente a los desastres, pero, sobre todo, nos llevan a replantear el rol de la sociedad damnificada para iniciar un sólido proceso de reconstrucción y preparar su capacidad de respuesta frente a eventos futuros.

Los fuertes sismos ocurridos en los meses de junio, julio y agosto de 2026 en Venezuela, México, Colombia y Perú nos confirman la vulnerabilidad en la que se encuentra el continente americano. En menos de 60 días, la Tierra se ha movido en al menos seis lugares diferentes, ocasionando miles de pérdidas humanas, miles de desaparecidos y decenas de miles de heridos, con la destrucción o grave afectación de cientos de miles de viviendas. El cuadro siguiente muestra la cronología de los recientes terremotos:

PaísLugarFechaMagnitudDatos adicionales
VenezuelaCaracas y La Guaira2026-06-247,2 y 7,5Doble terremoto.
MéxicoCosta de Chiapas2026-07-177,3
PerúAndes centrales: Chupaca, Junín2026-07-185,4Fuerte impacto por epicentro en superficie.
ColombiaSan José del Palmar, Chocó2026-08-107,4
PerúAndes centrales y sur: Cora Cora, Ayacucho2026-08-207,2

Fuente: Elaboración propia a partir de información publicada en línea (31-08-2026).

Ante esta situación de desastres múltiples, el trabajo de las autoridades estatales —incluyendo a los funcionarios de los gobiernos centrales, regionales y locales— debe duplicarse para atender a la población damnificada. Se trata de suplir la emergencia buscando rescatar a las personas que se encuentran con vida atrapadas por los escombros, pero al mismo tiempo se trata de atender con diversos servicios a las personas sobrevivientes que han resultado afectadas por la pérdida de un familiar o una persona cercana y por la pérdida de sus viviendas. Lo peor es que las personas damnificadas no tienen qué comer y no dudarán en realizar actos de saqueo con tal de conseguir agua y alimentos. El apoyo material y psicológico es indispensable.

Dependiendo del grado de los daños ocasionados por el terremoto, las necesidades se multiplican conforme pasan los días. La población damnificada está muy afectada y ha perdido su organización social. En este contexto, se presenta como indispensable la labor de personas voluntarias que ayudan primero en los rescates y seguidamente en la distribución de alimentos, abrigos, carpas y en servicios como el acompañamiento psicológico. Pero, sobre todo, se presenta como indispensable la reacción de la propia población.

La población damnificada se encuentra en una situación de caos por la pérdida de su organización y sus redes sociales, pero también se encuentra en incertidumbre, estrés y depresión (ver análisis de estas dos situaciones complejas en el artículo «Solidaridad con Venezuela» del 28 y 29 de junio de 2026).

Sin embargo, llega un momento en que la misma población damnificada asume un cambio frente a la anomia y recupera su resiliencia frente al shock psicológico. Es un proceso de cambio autónomo, pero también puede ser respaldado por las autoridades y las personas voluntarias o amigas de la población damnificada.

Con este cambio, el rol de la población damnificada es también doble:

  • Por un lado, tiene que reconstruir su organización social, desde la unidad básica como su cuadra o barrio, hasta su distrito o provincia afectada.
  • Por otro lado, tiene que reconstruir sus derechos para que ponga en funcionamiento su organización social (para una mayor explicación, ver el artículo antes citado sobre Venezuela).

Esta doble acción colectiva de la población damnificada permite el desarrollo de la labor más importante:

SER PARTE DEL PROCESO DE RECONSTRUCCIÓN.

Esta participación es fundamental para evitar tres principales abusos que ocurren tras los desastres: 1) el clientelaje o aprovechamiento político que realizan las autoridades locales o nacionales; 2) el despojo de las empresas «buitres» que llegan aparentemente para ayudar, pero luego se apropian a bajo costo de los recursos del lugar damnificado; y 3) la corrupción de funcionarios de entidades públicas y privadas que se reproduce por la situación de emergencia, cuando las autoridades entregan sin concurso las obras millonarias de reconstrucción.

La participación de la población damnificada se convierte así en el rol principal de la sociedad frente a los terremotos o los desastres. Si logra controlar los abusos presentados anteriormente, logra controlar a los terremotos en su parte más interna y humana: la toma de conciencia para una reconstrucción honesta y para que cada persona se prepare preventivamente frente a cualquier evento futuro.

Lima, 31 de agosto y 1.º de septiembre de 2026.


[1] Profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Abogado, Magister en Ciencias Sociales y PhD in Laws.